Estudios sobre Sufismo: Mawlana Jalaluddin Rumi (Fethullah Gülen)

jueves, 25 de enero de 2007

Mawlana Jalaluddin Rumi (Fethullah Gülen)

A lo largo de la historia se han dado algunas personalidades importantes que siempre conservan su frescura y permanecen vivas durante siglos con la ayuda de su voz y aliento, con su amor, entusiasmo y su promesa para hacia la humanidad. El tiempo evidentemente fracasa en su intento de hacer obsoletos a estos individuos. Sus pensamientos, sus análisis, sus explicaciones y sus mensajes espirituales que nunca se perderán, representan soluciones y prescripciones alternativas para los problemas sociales de hoy en día, en una amplia variedad y diversidad.

Rumi es una de estas personalidades. Pese a los siglos que separan su vida de la nuestra, él sigue oyendo y escuchándonos, compartiendo nuestros sentimientos y presentando soluciones a nuestros problemas con una voz sin par. Aunque su existencia se desarrollara hace siglos, permanece vivo entre nosotros sin duda alguna; es un hombre de luz que recibe su luz del espíritu del Maestro de la Humanidad (el profeta Muhammad, que la paz y las bendiciones sean sobre él), distribuyéndola de diferentes maneras por todas partes. Él fue escogido para llegar a ser uno de los hombres más santos de este mundo y ser así puro del corazón; una bendita persona cuyas palabras son excepcionales entre los héroes de amor y pasión. Él cumplía y sigue cumpliendo la misma labor que desempeña Israfil (Rafael), insuflar vida a los espíritus muertos. Sigue proporcionando el agua de la vida a los corazones estériles de muchos individuos, una irrigación espiritual. Sigue suministrando luz a los viajeros en su camino. Él era y sigue siendo el perfecto heredero del Profeta.

Rumi, un hombre de Dios, se apresuró hacia Su Divina Presencia en su propio viaje espiritual; pero además de eso evocó viajes similares en otros creyentes innumerables veces, travesías espirituales marcadas por unos esfuerzos apasionados en pos de Dios. Él era un hombre equilibrado, en permanente estado de éxtasis con Dios, que transmitió vida mediante su amor y entusiasmo; lo hizo hasta tal punto que inspiraba sentimientos trascendentales en los demás y sigue haciéndolo. Además de su pasión hacia Dios, junto con su conocimiento y amor por parte de Él, Rumi es conocido como un héroe en relación a su respeto y temor a Dios. Él era y sigue siendo una persona cuya poderosa voz invita a cada uno a la verdad y a la última realidad bendita. Rumi era un maestro global cuya alegría era consecuencia de Su felicidad, cuyo amor y pasión eran el resultado de Sus favores especiales hacia sí mismo. Su vida proporciona verdaderas pruebas de la Verdad. A la misma vez que dialogó con sus coetáneos de manera efectiva, Rumi fue también influyente y lo sigue siendo con el paso de los siglos, gracias a su manera de reflejar la voz y el aliento espiritual del profeta Muhammad, que la paz y las bendiciones sean con él; conversaba con una voz tan encantadora que era capaz de dirigirse no sólo a sus benditos coetáneos sino también a la gente de nuestra época, siglos después de su existencia física. Dios le encargó esa importante misión y por lo tanto lo dotó de impecables dotes internas y externas de modo que tuviera éxito. Su corazón se hallaba lleno de la luz Divina. Como tal, su esencia está marcada por su sabiduría, la cual brilla como una luz reflejada a través de una gema preciosa. Su fuero interno fue envuelto con Misterios Divinos; y su perspicacia fue iluminada por dicha luz especial.

En esta perspectiva, Rumi representa la Estrella Polar, el núcleo del círculo de la guía y la orientación de su tiempo. Él encarna las características de la luz de santidad, tomando dicha luz a partir del fulgor de la verdad del Profeta. A la mayoría de las benditas criaturas de Dios le atrae instintivamente la luz del mismo modo que la irradiación de Rumi ha atraído a miles de mariposas espirituales. Él representa una guía para la búsqueda de la perfección de la humanidad. Rumi era un prudente exegeta de las verdades presentadas en el Corán. Como intérprete de gran fluidez del amor y el entusiasmo del profeta Muhammad. Rumi era capaz de emplear un lenguaje mágico que hacía que Dios fuese amado por todo el mundo. Aquellos que ingresan en su esfera alcanzan la paz infinita y los que estudian el Corán desde su punto de vista cambian como si hubiesen contemplado en primera persona la época del Profeta. Cuando los versículos del Corán eran interpretados por aquellos más cercanos a Rumi, todos los corazones disfrutaban de la iluminación proporcionada por su sabiduría; era como si todos los misterios del Cielo fueran revelados por su recitación entusiasta de una sola palabra, Dios.


El amor de Rumi por Dios era apasionado y ardiente, dotado de un constante sollozo y un vivo deseo por alcanzar los misterios de Dios. Él experimentó tal amor y tal pasión tanto en su ascetismo solitario como en sus actividades comunitarias. Fue en su soledad cuando paso a ser más abierto ante la verdadera unión con Dios, y fue en dicha separación de todas lo que le rodeaba —excepto de Dios— en la que su corazón se inundó de ardor y pasión. Mientras que dicho ardor le quemaba por dentro, él nunca mostró señal alguna de descontento. Este fuego se consideraba como una exigencia para la pasión, y abstenerse de las quejas se veía como una continuación de la tradición relativa a la lealtad. Según Rumi, aquellos que expresan su amor por Dios deben acompañar necesariamente su declaración de amor con un sentimiento de ardor furioso, esto es el precio que esa persona debe pagar voluntariamente para hallarse próxima a Dios o en unión con Él. Además, hay que centrar la atención en el comportamiento que es en gran medida ascético, como comer, beber y dormir moderadamente así como una conciencia constante y una orientación hacia Dios en nuestro discurso, y debemos experimentar inevitablemente la perplejidad cuando se nos dota con las generosidades de Dios.


Rumi no puede entender como un amante puede dormir de un modo desmedido, ya que esto sustrae aquellos momentos que pueden ser compartidos con el Amado. Según él, dormir en exceso ofende al Amado. Como Dios instruyó a David diciendo: «¡Oh David! Aquellos que se abandonan al sueño sin contemplarme y después reclaman su amor son mentirosos» del mismo modo Rumi dice: «Cuando cae la oscuridad, los amantes se hacen apasionados». Rumi recomendaba esto no sólo con las palabras, sino también con sus acciones.


La siguiente cita recogida de su Diván-i Kabir representa de la mejor manera pequeñas gotas de mar en el océano de sus sentimientos y entusiasmo, tal y como la erupción de un volcán:

Soy como Majnun[1] en mi pobre corazón, que se encuentra sin extremidades,Ya que no tengo fuerzas para resistirme al amor de Dios.Cada día y noche hago grandes esfuerzos para romper las cadenas de amor que me tienen capturado.Cuando aparece la imaginación del Amado me encuentro en la sangre.Como no estoy totalmente consciente, temo pintarlo con la sangre de mi corazón.En realidad, Tú, Oh Amado, debes preguntar a las hadas;Ellas saben cómo inflamé mi interior durante noches.Todo el mundo ha ido a dormir.Pero yo, quien Te dio el corazón, no conozco el sueño como ellos.A lo largo de la noche, mis ojos miran al cielo contando las estrellas.Su amor tan profundamente tomó mi sueño el cual no creo que vuelva ya otra vez.


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